Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia

VERSIÓN 1.2

INTRODUCCIÓN

Papalia (2009). La adolescencia es una construcción social que hasta el siglo xx no se ha considerado en el mundo occidental como una etapa vital independiente.

Etimológicamente, los términos adolescencia y adulto provienen del mismo verbo latino, adolescere, que significa crecer, desarrollarse. Las teorías clásicas de psiquiatras y psicoanalistas, como Erik Erikson (1902-1994) o James Marcia, que ayudaron a sentar las bases teóricas para el estudio científico de la adolescencia y contribuyeron a su representación como un periodo marcado por las disyuntivas vitales y la presencia de crisis. Sin embargo, las investigaciones más recientes apuntan a una transición más sosegada entre la infancia y la adultez.

LA ADOLESCENCIA

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que adolescencia se extiende entre los 10 y 19 años.
Havighurst (1956,1972). Plantea que el desarrollo en todo el ciclo vital puede caracterizarse en torno a lo que denomina tareas evolutivas.
Margaret Mead (1978). Ya que es posible establecer una relación directa entre el grado de complejidad de una cultura, el tiempo que se atribuye a la adolescencia y las características de la misma: cuanto más compleja es una sociedad, más larga será la fase de transición entre la niñez y la vida adulta.
Arnett (2000). Postula que desde los 18 hasta 25 años los individuos se encuentran todavía en un periodo de transición, en el que aún no se perciben a sí mismos como adultos y en el que no se han asumido las responsabilidades propias de éstos. A esta etapa, Arnett la denomina adultez emergente.
Goossens (2006). Sitúa el final de la adolescencia hacia los 22 años.

La adolescencia suele caracterizarse como un periodo de transición entre la niñez y la edad adulta en el que se producen cambios y transformaciones muy importantes en el desarrollo físico, cognitivo y psicosocial de la persona. La concepción actual de esta etapa de la vida es producto de una serie de factores sociohistóricos acontecidos desde el siglo xix hasta nuestros días, por lo que se refiere a los factores culturales, es posible establecer una relación directa entre el grado de complejidad de una cultura, el tiempo que se atribuye a la adolescencia y las características de la misma: cuanto más compleja es una sociedad, más larga será la fase de transición entre la niñez y la vida adulta. En el caso del adolescente occidental, el comienzo de la adolescencia está delimitado por la pubertad pero su finalización depende de variables culturales, sociohistóricas y psicológicas.

¿Cuándo comienza y termina la adolescencia? El hecho de que la adolescencia sea una construcción social, es una de las razones de la dificultad para delimitar cuando comienza y cuando termina. El inicio de esta etapa es de amplio consenso: la OMS considera que adolescencia se extiende entre los 10 y 19 años; algunos autores sitúan el final de esta etapa hacia los 22 años y otros proponen que desde los 18 hasta 25 años los individuos se encuentran todavía en un periodo de transición, en el que aún no se perciben a sí mismos como adultos y en el que no se han asumido las responsabilidades propias de éstos (adultez emergente).

EdadTareas evolutivas
12-18 años— Relaciones más maduras con coetáneos de ambos sexos
— Lograr rol social masculino o femenino
— Aceptarse físicamente
— Alcanzar independencia emocional de los padres
— Prepararse para el mundo profesional
— Integrarse en el mundo laboral
— Adquirir valores y un sistema ético
— Desear y llevar a cabo comportamientos socialmente responsables
— Selección de pareja
Tareas evolutivas propuestas por Havighurst correspondientes a la adolescencia.

El cerebro durante la adolescencia

Giedd (2004). Sabemos que las zonas del cerebro que gestionan el procesamiento de las emociones (el sistema límbico y dentro de él, la amígdala) se desarrollan antes que la destinadas a la planificación y el control emocional, la gestión de los impulsos y las valoraciones de las consecuencias, que al igual que otros procesos ejecutivos se sitúan en el córtex prefrontal. De hecho, esta es la última parte del cerebro que madura.

La estructura y el funcionamiento cerebral, se modifican durante la adolescencia, durante esta etapa, la sustancia blanca se incrementa de manera lineal en todo el cerebro durante la adolescencia, aunque se observa un aumento mayor en las chicas que en los chicos. La sustancia gris, por su parte, sigue un patrón de incremento de U invertida, es decir, hay un amplio aumento inicial, una estabilización y una posterior caída hacia el final de la adolescencia. Sabemos, además, que las zonas del cerebro que gestionan el procesamiento de las emociones se desarrollan antes que la destinadas a la planificación y el control emocional, la gestión de los impulsos y las valoraciones de las consecuencias, que al igual que otros procesos ejecutivos se sitúan en el córtex prefrontal. De hecho, esta es la última parte del cerebro que madura.

Este patrón de maduración del cerebro puede explicar, desde un punto de vista biológico, el comportamiento adolescente, muchas veces caracterizado por conductas de riesgo, impulsividad y cambios de humor. Sin embargo, los factores psicosociales han de tomarse en consideración a la hora de explicar los procesos evolutivos.

LA PUBERTAD

Susman y Rogol (2004). La pubertad es un proceso psicobiológico largo que se pone en marcha mucho antes de que sean apreciados los cambios biológicos. Esta puesta en marcha y su regulación posterior, se relaciona tanto con factores internos o genéticos como externos.

La pubertad es un proceso psicobiológico largo que se pone en marcha mucho antes de que sean apreciados los cambios biológicos. El proceso de la pubertad se inicia con una serie de cambios
madurativos regulados por factores neuroendocrinos que tienen como objetivo final la capacidad reproductora plena.

Mecanismos neurobiológicos y hormonales de la pubertad

Al inicio de la pubertad el sistema endocrino libera una serie de sustancias, denominadas hormonas, que tienen entre sus misiones principales madurar los órganos sexuales y dotarles de funcionalidad reproductiva. Algunas de estas hormonas dejan de liberarse después del nacimiento hasta que, en algún momento entre los 6 y los 8 años, vuelven a activarse y permanecerán activas a lo largo de la edad adulta.

El proceso para hembras y machos es el siguiente:

  1. Estructuras que se encuentran en el hipotálamo liberan GnRH u hormona liberadora de gonadotropina.
  2. La hormona GnRH estimula otra estructura cerebral, la hipófisis o glándula pituitaria. Fruto de esta estimulación, la hipófisis libera dos hormonas: LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona folículo estimulante).
  3. Las hormonas LH y FSH viajan por el torrente sanguíneo y llegan a los ovarios y los testículos. Allí, estimulan y regulan la producción, fundamentalmente, de estrógeno y óvulos en las chicas, o testosterona y espermatozoides en los chicos.
  4. Estrógenos y testosterona viajan por el torrente sanguíneo hasta el cerebro, donde las mismas estructuras iniciales que se encuentran en el hipotálamo detectan el nivel de estrógeno y testosterona en sangre.
  5. Dependiendo de dichos niveles, el hipotálamo y la hipófisis regulan la cantidad de hormonas que liberan.
pubertad Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia
Mecanismos generales neurohormonales de la pubertad.

El estrógeno es la principal hormona femenina y es responsable de que los ovarios produzcan óvulos, que preparan para la reproducción. Es el responsable de la aparición y desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (vello púbico y crecimiento de las mamas). También es responsable de regular el ciclo menstrual. Por su parte, la hormona progesterona comienza a ser funcional, en las niñas, en el primer periodo y tiene como función revestir el útero para recibir a un óvulo fertilizado.

La testosterona es la principal hormona masculina. Favorece el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (vello púbico, corporal y facial). Así mismo, contribuye al desarrollo y maduración de la próstata así como a la producción del semen. En los machos, el nivel de testosterona está regulado por la cantidad de progesterona.

Las hembras producen el doble de estrógenos y progesterona que los machos y diez veces menos testosterona.

Maduración sexual

James Tanner (1962). Describe los cambios físicos relativos a la maduración de genitales y los cambios físicos asociados a lo largo de todo el proceso puberal (mamas, vello púbico y axilar en niñas; tamaño de los testículos y escroto, vello púbico y vello axilar en niños).
Graber, Brooks-Gunn y Warren (1995). Controlando las variables de edad de la menarquía de la madre y otros factores del entorno, encontraron que las niñas que vivían en el seno de familias disfuncionales o que tenían unas relaciones muy conflictivas y estresantes con sus madres, tenían una edad de aparición de la menarquía considerablemente anterior a las niñas cuyos entornos eran más cálidos y estables.
Bastiani, Garber y Brooks-Gunn (2008). Aunque el inicio de la pubertad es más tardío en los chicos que en las chicas, una vez comenzado el proceso, los cambios físicos y fisiológicos se atienen a una secuencia muy estable en ambos sexos.
Sørensen, Mouritsen, Aksglaede, Hagen, Mogensen y Juul (2012). El adelanto de la edad de menarquia parece haberse atenuado desde las dos últimas décadas del siglo XX. Esta estabilización se debe a procesos genéticamente programados de maduración neurofisiológica y endocrina, por lo que no es posible esperar que el adelanto se siga produciendo hasta edades mucho más tempranas.
Güemes-Hidalgo, Ceñal e Hidalgo (2017). No todos los niños y niñas alcanzan la pubertad a la misma edad, pero con criterios estadísticos se considera normal que el incremento en el tamaño de los testículos y el escroto (primer signo puberal en niños), se produzca entre los 9 y 14 años.

Los cambios físicos relativos a la maduración de genitales y los cambios físicos asociados a lo largo de todo el proceso puberal (mamas, vello púbico y axilar en niñas; tamaño de los testículos y escroto, vello púbico y vello axilar en niños). Este proceso se desarrolla a lo largo de cinco estadios desde la niñez (estadio I, en el que no se encuentran indicadores objetivos de caracteres sexuales secundarios) hasta el logro de caracteres sexuales secundarios adultos o maduros (estadio V, en el que la apariencia de tales caracteres es la adulta).

No todos los niños y niñas alcanzan la pubertad a la misma edad, pero con criterios estadísticos se considera normal que el incremento en el tamaño de los testículos y el escroto se produzca entre los 9 y 14 años. El proceso de maduración sexual desde el primer aumento del volumen de los testículos dura entre tres y cuatro años. Por su parte, la aparición de la telarquia es esperable entre los 8 y 13 años. De manera gradual, el pecho comienza a crecer y conformarse; el vello axilar se hace más profuso y tupido, las caderas se harán más anchas y curvadas a la vez que el vello púbico aumentará y también se producirán cambios en el tono de voz. En términos generales, desde la aparición del botón mamario, el proceso de maduración sexual se desarrolla a lo largo de un tiempo algo menor que entre los niños, entre dos años y medio a tres años.

La primera menstruación suele aparecer en las niñas en los 2 años siguientes a la aparición de la telarquia. El registro de la edad de menarquia permite observar un adelanto progresivo de la edad en la que aparece la primera regla. Los estudios muestran cómo mientras a mediados del siglo XIX esta edad se situaba entre los 16 y 17,5 años, un siglo después la edad de la primera menstruación se situaba entre los 12,5 y 13,5 años. Este adelanto se ha atribuido a variables epigenéticas como la mejora en las condiciones de salud y vida de la población. Cuando la pubertad en las niñas comienza antes de los 8 años o de los 9 en niños, se denomina pubertad precoz y es motivo de evaluación e intervención médica.

Aunque la biología establezca un límite mínimo de maduración, los factores ambientales ejercen una notable influencia sobre el comienzo de la pubertad. Como ejemplo, niñas que viven en el seno de familias disfuncionales o que tenían unas relaciones muy conflictivas y estresantes con sus madres, tenían una edad de aparición de la menarquía considerablemente anterior a las niñas cuyos entornos eran más cálidos y estables. Otros estudios indican que la obesidad se relaciona con un adelanto en la edad de menarquía mientras que la desnutrición está relacionada con un retraso de la misma. Una de las explicaciones se encuentra en la hormona Leptina, que se sintetiza en el tejido adiposo.

Crecimiento y peso

Bastiani, Garber y Brook-Gunn (2008). El tejido muscular, el tejido adiposo y la densidad ósea, son similares en niños y niñas antes de la pubertad, pero una vez iniciada la pubertad, los chicos tienen más masa ósea y tejido muscular que las chicas en la proporción 1.5/1, mientras las niñas tienen dos veces más grasa corporal total que los chicos.
Güemes-Hidalgo, Ceñal e Hidalgo (2017). Respecto a las extremidades superiores, crecen primero las manos y después se produce el crecimiento de los brazos. La columna y el torso crecen al final del proceso.

El pico de crecimiento en las niñas se produce entre los 12 y 13 años y entre los 14 y 15 en los niños. En ambos sexos el segundo año del estirón es cuando se produce un mayor crecimiento (entre 5 y 11 centímetros en las niñas y entre 5 y 13 en los niños). La talla definitiva en los chicos se alcanza hacia los 21 años, mientras las chicas dejan de crecer entre los 16 y 17 años.

Entre los 10 y los 12 años, el peso también se modifica debido a la acumulación de grasa que se produce durante esta época de la vida. Poco tiempo después se produce un aumento de talla que redistribuye la grasa de forma distinta en los chicos que en las chicas. Esta distribución desigual de la grasa corporal es debida, en parte, a que los hombres poseen células musculares en mayor cantidad y de mayor tamaño que las mujeres, de forma que hacia el final de la pubertad, el 54% del peso del chico será masa muscular. Por el contrario, las células adiposas se encuentran en mayor número en las mujeres y se distribuyen alrededor del vientre y las caderas, lo que podría tener una misión de soporte metabólico para el desarrollo del feto en futuros embarazos.

El crecimiento puberal no se lleva a cabo de forma armónica. Comienza con el crecimiento de las extremidades inferiores y en ellas, comenzando por el aumento del tamaño de los pies. Respecto a las superiores, crecen primero las manos y después se produce el crecimiento de los brazos. La columna y el torso crecen al final del proceso.

El nexo entre el ámbito biológico y el psicológico: Ritmos en la pubertad

Marshall & Tanner (1970). Un adolescente puede presentar una pubertad temprana/precoz, en tiempo o tardía.
Ullsperger y Nikolas (2017). En una revisión metaanalítica en la que toman en consideración 101 estudios desde la década de los 90 hasta el año 2013, sobre los efectos psicológicos del desfase en la pubertad, encuentran que un desarrollo puberal temprano se asocia con mayores niveles de desajuste psicológicos tanto internalizados (p.ej., ansiedad, depresión) como externalizados (p.ej., conductas agresivas, conductas desafiantes) y que este desajuste se produce tanto en los chicos como entre las chicas. Respecto a la pubertad tardía, los autores encuentran que los chicos y chicas no muestran más problemas de ajuste emocional que los que la tienen al tiempo que sus pares.

Como hemos visto, el inicio de la pubertad y, por tanto, su evolución no se produce a la misma edad ni al mismo ritmo. Se denomina Timing Puberal al desarrollo puberal relativo de un individuo comparado con sus pares de la misma edad y sexo. El Timing puberal es un aspecto relevante, ya que los estudios muestran cómo el adelanto o el retraso en el inicio y desarrollo de la pubertad respecto a los iguales, tiene consecuencias en el ajuste psicológico de los adolescentes. Los mecanismos por los que el timing puberal puede influir en el ajuste psicológico son de índole tanto biológica como psicosocial. Biológicamente, la pubertad temprana puede influir en el desajuste psicológico debido a que supone la liberación precoz de hormonas sexuales que tienen un efecto en la estructura y funcionamiento del cerebro.

EL DESARROLLO PSICOSOCIAL DURANTE LA ADOLESCENCIA: PRINCIPALES PRESPECTIVAS TEÓRICAS

Stanley Hall (1844-1924). Considerado el precursor del estudio científico de la adolescencia, fue quién más influyó en la divulgación de esta visión a partir de su tratado sobre la Adolescencia (1904).

Stanley Hall consideraba la adolescencia como una etapa turbulenta, dominada por conflictos y cambios del estado de ánimo. Por su parte, el psicoanálisis, de la mano de Anna Freud (1936) y Peter Blos (1979), mantienen que la adolescencia supone un momento de gran vulnerabilidad, ya que los cambios fisiológicos que se producen en la pubertad, y en concreto, en la emergencia de las pulsiones sexuales, hacen al adolescente especialmente proclive a las alteraciones y desequilibrios psicológicos.

Si algo caracteriza la adolescencia es la búsqueda de una identidad personal y social, la identidad es una tarea evolutiva compleja que comienza durante la infancia pero que tiene en la adolescencia un momento de especial trascendencia ya que puede suponer un factor de riesgo o protección desde el que afrontar los retos de la vida adulta. A lo largo de décadas, diversas corrientes y autores han propuesto modelos y teorías acerca de este hito evolutivo. Veamos algunos de los más relevantes.

Erikson: La adolescencia como la búsqueda

Erik Erikson (1902-1994). Autor de la propuesta pionera y quizá la más conocida acerca de desarrollo de la identidad adolescente, la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson.

Su teoría se ocupa del progreso del Yo a lo largo de toda la vida y tiene en consideración aspectos sociales y culturales, por lo que se le considera uno de los pioneros de la perspectiva del desarrollo del ciclo vital. Para Erikson, el desarrollo psicosocial se produce a través de un continuo, a través de una serie de etapas que pueden situarse en edades aproximadas, que incluyen la tensión entre dimensiones positivas y negativas, y cuya característica esencial es la gestión de lo que el autor denominó crisis de personalidad. El término crisis, se asocia en la literatura a Erikson y su modelo, pero lo cierto es que el autor posteriormente dejó de utilizarlo refiriéndose a tendencias en conflicto o en competición que resulta más descriptivo del hecho de que en cada etapa existe cierta polaridad (por ejemplo, alcanzar una identidad o permanecer en
una confusión de roles).

erikson 1 Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia

El desarrollo saludable del Yo se basa en la superación de la crisis de desarrollo que se presenta en cada etapa, resolviendo de manera apropiada las tendencias en conflicto, la crisis, que le es propia. Cabe señalar que cuando la crisis se resuelve de forma positiva emerge una potencialidad o virtud que es específica de la fase. Las crisis o conflictos a los que debe enfrentarse el individuo suelen provenir del entorno social que, a su vez, dota a los individuos de mecanismos para poder superar con éxito dicho conflicto. Los estadios son jerárquicos, ya que cada nuevo estadio supone superación del anterior. Además, han de entenderse desde un punto de vista de proceso y de cambio hacia una estructura de mayor diferenciación interna, complejidad, flexibilidad y estabilidad.

erickson2 Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia
Formación de la identidad durante la adolescencia en el modelo de Erikson.

Erikson sitúa la adolescencia entre los 12 y 20 años, y según el autor, los retos esenciales de esta etapa se agrupan en torno a la adquisición de una identidad personal al finalizar esta etapa. Para Erikson, la identidad supone alcanzar una concepción coherente e integrada del Yo. Esta concepción es personal y está compuesta por valores, metas, creencias a los que el individuo debe acceder de forma consciente y autónoma y con la que ha comprometerse de la misma manera. Así mismo, está influida por los valores sociales y culturales donde los individuos se desarrollan. Además la identidad supone, por una parte, que el adolescente asuma de forma consciente y autónoma compromisos personales y sociales y, por otra, la convivencia armónica de los diferentes roles en las distintas áreas psicosexuales y psicosociales propias de la adolescencia.

Para Erikson, los cambios biológicos, psicológicos y sociales que ocurren durante la adolescencia tienen un gran impacto en el desarrollo de la personalidad, siendo un momento de especial relevancia. Una de las características esenciales de esta etapa son las nuevas capacidades de los adolescentes (cognitivas, biológicas, sociales) y los nuevos retos personales y sociales a los que se enfrenta.

Erikson propone que la intolerancia de los adolescentes ante ideas diferentes a las suyas, o la exclusión de los otros, son mecanismos de defensa frente a las emociones que produce la confusión de identidad, no tener todavía una identidad personal madura. Una de las nociones más interesantes del autor es la de moratoria psicosocial. Este concepto se refiere al retraso en el compromiso que es propio de la adolescencia. Erikson sitúa la etapa entre los 20 y 30 años, como un momento evolutivo diferente de la adolescencia y de transición a la edad adulta, el autor califica esta etapa como de adulto joven.

La definición de la adolescencia ha ido variando a lo largo del tiempo  (tal y como hemos visto, debido a múltiples variables) y que algunos autores extienden la adolescencia hasta más allá de los 20 años. El sentido de la frase siguiente es que por su parte, Erikson, considera que el periodo entre los 20 y 30 años no es adolescencia sino un momento evolutivo diferente y de transición a la edad adulta. De hecho, se señala que para Erikson esta etapa es considerada como adulto joven.

Equipo Docente

James Marcia: Formación de la identidad

James E. Marcia (1966, 1980). Para este autor, la búsqueda de la identidad durante esta etapa se define mejor en torno al grado en el que los adolescentes exploran los diferentes roles y su nivel de compromiso con algunos de ellos. Desde esta perspectiva y fruto de sus estudios con adolescentes en los que les preguntaba acerca de sus aspiraciones profesionales, religión, ideología y visión del mundo, propone 4 estados del desarrollo de identidad, del Yo. Estos estados se definen por la combinación de dos dimensiones: Crisis y Compromiso.
Alan Waterman (1990,1993). Estudio mediante entrevistas la identidad en los adolescentes desde los presupuestos de Marcia. Sus estudios muestran que incluso dentro de cada estado, podían distinguirse diferentes grados en la cualidad de la exploración y del grado de compromiso que habían adquirido. Estos hallazgos apoyan la idea de diferencias importantes en la vivencia y gestión de los retos durante la adolescencia, por lo que cabría preguntarse si realmente se trata de una etapa de especial dificultad.

Marcia retoma y amplía la propuesta de Erikson acerca de la identidad durante la adolescencia. Desde la perspectiva de Marcia y fruto de sus estudios con adolescentes en los que les preguntaba acerca de sus aspiraciones profesionales, religión, ideología y visión del mundo, propone 4 estados del desarrollo de identidad, del Yo. Estos estados se definen por la combinación de dos dimensiones: Crisis y Compromiso.

Para Marcia la noción de Crisis se refiere al periodo de toma de decisión personal y autónoma respecto a los diferentes aspectos personales y sociales. Por su parte, el Compromiso, hace referencia a la asunción efectiva de la responsabilidad en esos aspectos.

Marcia estados de identidad Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia
Estados de identidad, características principales y resultado.
marcia 2 Desarrollo social y de la personalidad en la adolescencia

Del trabajo de Marcia se desprenden 4 estatus de de identidad que surgen de la combinación de 2 dimensiones (crisis y compromiso):

  • Identidad Difusa. Simplemente reacciona ante las situaciones de la vida. No hay claros intereses.
  • Identidad Hipotecada. Aceptación pasiva de una identidad que proviene del exterior. Puede ser una manera de evitar el malestar del conflicto de contraponer valores, creencias, etc.
  • Moratoria. Indefinición, en el que todas opciones están abiertas. Se posponen los compromisos. Es un momento de investigación y análisis.
  • Identidad de Logro. Adquisición de una identidad personal y social con la que se siente cómodo.

En la década de los 90, se hicieron estudios que muestran que incluso dentro de cada estado, podían distinguirse diferentes grados en la cualidad de la exploración y del grado de compromiso que habían adquirido. La exploración podría resultar más o menos profunda y ser más o menos restringida en cuanto a ámbitos; asimismo, el compromiso podía ser más o menos profundo y la motivación para tales compromisos podría ser debida en mayor o menor media a motivaciones intrínsecas o extrínsecas. Estos hallazgos apoyan la idea de diferencias importantes en la vivencia y gestión de los retos durante la adolescencia, por lo que cabría preguntarse si realmente se trata de una etapa de especial dificultad.

Coleman Coleman: La teoría Focal

Coleman (1974) Llevó a cabo un estudio con una amplia muestra de adolescentes procedente de población normal, de 11, 13, 15 y 17 años. Debían contestar una serie de cuestionarios en los que se les preguntaba por sus actitudes y opiniones acerca de diversos aspectos como la autoimagen, su sentido de independencia, las amistades, las relaciones con sus padres o los estudios. Además, se les preguntaba por la importancia o el grado de preocupación que sentían en cada uno de los asuntos. Los resultados más relevantes fueron, por una parte, que tanto las actitudes como las opiniones de los adolescentes en la mayoría de los aspectos por los que se les preguntaba variaban con la edad. Pero quizá un resultado más interesante fue que el grado de preocupación sobre los asuntos por los que se les preguntaba también variaba con la edad, alcanzado su máximo a edades diferentes dependiendo del aspecto del que se tratara. Esta constatación, llevó a Coleman a proponer su Teoría Focal.
Coleman (1977). Sólo los adolescentes que se enfrenten a varios aspectos de forma simultánea, vivirán esta etapa como una verdadera crisis.
Oliva, Jiménez, Parra y SánchezQueija (2005). Los estudios más recientes sobre adolescencia parecen alinearse con la teoría focal. Un ejemplo son las investigaciones acerca de la relación de los adolescentes con sus padres, un foco de tensión que ejemplificaría desde una perspectiva tradicional, la turbulencia y los problemas que tradicionalmente definen esta etapa. Aunque los estudios muestran un aumento de los conflictos con los padres, así como un incremento de comportamientos desafiantes durante los primeros años de la adolescencia, tras un periodo de ajuste, todos ellos disminuyen hacia la adolescencia media, esta tendencia está influida por variables como la cualidad anterior de la relación entre los padres y los hijos.
McLaughlin et al. (2012). La presencia o desarrollo de psicopatología durante la adolescencia tiene uno de sus factores predictivos de mayor peso en la presencia de factores de riesgo presentes en la infancia (tanto del propio individuo como de los entornos familiares o sociales).

La teoría Focal hace referencia a la propuesta del autor de que los adolescentes, en general, no se enfrentan simultáneamente a todos los retos (psicológicos y sociales) propios de esta etapa de transición. Por el contrario, la mayoría de adolescentes abordan o ponen el foco en la resolución de unos u otros retos, aquellos que le resultan más relevantes o críticos en cada momento. Sólo los adolescentes que se enfrenten a varios aspectos de forma simultánea, vivirán esta etapa como una verdadera crisis (Coleman, 1977).

La Teoría focal podría interpretarse como un modelo de estadios, pero la noción de estadio se flexibiliza al máximo, describiéndose unos estadios con unas características especiales:

  • La resolución de un aspecto no es requisito imprescindible para el paso al siguiente estadio; es más, la mayoría de los individuos, estarán enfrentándose al mismo tiempo a más de una cuestión.
  • No existen límites claros entre un estadio y el siguiente. No hay una edad ni nivel de desarrollo preestablecido para deambular por cada uno de los estadios.
  • La secuencia de desarrollo no es única ni inmutable. Dentro de una misma cultura, existe una secuencia más probable o típica que otras, pero no única.

La propuesta de Coleman tiene varias ventajas:

  • Se basa en datos empíricos.
  • Permite reconciliar la aparente contradicción entre la dura tarea de los adolescentes de transitar por esta etapa de la vida y la capacidad de la mayoría de ellos para hacerlo con éxito.

En relación con la psicopatología en la adolescencia, disponemos de bastantes datos que desmienten la existencia de una prevalencia mayor de trastornos en la adolescencia que en otras etapas del desarrollo, como la infancia o la edad adulta. En esencia, podemos decir que la mayoría de los adolescentes atraviesan y superan esta etapa sin problemas relevantes.

Respecto a lo que señala de la universalidad de transición en los distintos estados de crisis, fíjese que el propio Marcia indica, que los distintos estados de identidad no son una secuencia pero representan estados de identidad en momentos particulares y que éstos pueden cambiar en función de las experiencias. Por otro lado, el propio Erikson fundamenta su teoría en la idea de que es la propia sociedad la que impele a los individuos a las crisis y, en paralelo, es ella misma la que aporta las «posibilidades» de progreso hacia nuevos estados. De esta forma, su razonamiento está muy en la línea del sentido de estos autores. En este mismo sentido, la identidad de logro, tal y como usted señala, no es ajena a la sociedad (y los entornos de desarrollo) de cada individuo, efectivamente. 

Respecto a la segunda cuestión, la clave está en la noción de «consciente». Si la equiparamos a reflexiva y crítica, estaríamos ante una identidad de logro, no hipotecada.

Considere el siguiente caso: Imagine que estamos ante un joven que proviene de una familia de abogados. Durante toda su vida está «expuesto» a la profesión de sus padres, a sus conversaciones sobre casos y leyes, a comentarios sobre lo apasionante de su trabajo. Este adolescente puede tener muchas posibilidades de elegir y estar orientado a estudiar derecho y elegir esta profesión y la elige. Cuando se le pregunta porque quiere hacer derecho y dedicarse a la abogacía, señala que lo hace porque «es una tradición familiar, sus padres son abogados y les oye que les va bien, que a sus padres les hace ilusión y que lo tendrá muy fácil porque tienen conocidos y podrá ejercer fácilmente en su despacho o en el de colegas de sus padres». O puede responder algo así como que le resulta » fácil porque sabe lo que es ser abogado, sus padres en casa hablan de ello y les ve contentos, además, ha pensado en otras profesiones como médico o bioquímico, que se ha interesado y preguntado sobre lo que hacen los médicos y lo que se necesita, lo que estudian, etc.. Que tras informarse y pensarlo, ha vuelto a revisar lo que hacen, estudian y necesitan los abogados y se ha dado cuenta de que aunque sus padres no fuesen abogados, lo que a él le gusta es esa profesión». Obviamente, ese «aunque los padres no fuesen abogados» no puede falsarse y seguro que ha tenido influencia en el adolescente pero fíjese la diferencia de razonamiento para las elecciones en ambos casos. La primera respuesta sería típica de Identidad Hipotecada (aprovecho para señalar que ese suele ser un antecedente de abandonos de estudios o de indicadores de malestar emocional incluso en el trascurso de la vida laboral) y la segunda respuesta sería típica de una identidad de logro.

Por otro lado, a ninguno se nos escapa que, precisamente por provenir de una familia de tradición profesional, a veces las elecciones de los adolescentes (por seguir con el ejemplo) son justamente las contrarias. Aquí cabría la misma lectura.

No sé si le ayudan mis comentarios. Si no es así, no dude en señalarlo.

Equipo Docente

AUTOCONCEPTO Y AUTOESTIMA EN LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa de la vida en la que, en modo más o menos paulatino, convergen en el individuo cambios de distinta índole que deberán ser adecuadamente integrados en su autoconcepto. El autoconcepto que comenzó a afianzarse al final de la infancia será ampliado y modificado durante el periodo de la adolescencia.

Desarrollo del autoconcepto en la adolescencia

Elkind (1967). Identificó dos fenómenos propios de la etapa donde el paulatino avance en las capacidades de introspección y puesta en el lugar del otro también puede jugar malas pasadas a los adolescentes, identificó dos fenómenos propios de esta etapa a los que calificó como «audiencia imaginaria» y «fábula personal».
Fischer (1980). Al inicio de la adolescencia el individuo se encuentra en el «nivel de las abstracciones simples», lo que significa que aún no puede comparar abstracciones entre sí y, por tanto, no puede relacionar los diferentes aspectos de su Yo.
Fischer (1980). Entre los 17 y 18 años el individuo se sitúa ahora en el nivel de «los sistemas abstractos», lo que trae consigo la posibilidad de integrar las abstracciones simples en otras de nivel superior.
Harter y cols (1992, 1997). Enfrentaron a grupos jóvenes de adolescentes con las posibles contradicciones de su personalidad (p.ej., ser muy extrovertidos con los amigos pero muy torpes e inhibidos en las relaciones con extraños), y observaron que las respuestas de los entrevistados reflejaban la ausencia de comparación e integración pronosticada por Fischer.

El autoconcepto es una representación del Yo que, en su forma madura, tiende a asumir la estructura de una teoría. En este sentido, el autoconcepto del adolescente deberá cumplir una serie de requisitos formales como ser internamente consistente o permitir predicciones fiables sobre la conducta. Por este motivo, su elaboración aparece íntimamente ligada al desarrollo de las capacidades cognitivas relacionadas con la lógica formal.

Los datos sobre la construcción del autoconcepto sugieren un avance de las mismas algo más lento y descoordinado. De hecho, y en virtud de estos desequilibrios, en la adolescencia suelen diferenciarse tres etapas marcadas por cambios cualitativos en la estructura del autoconcepto.

Adolescencia inicial (entre los 11 y los 13 años). Los autoinformes que refieren los adolescentes revelan un aumento significativo de abstracciones en la definición del Yo, incrementándose de forma notable las referencias a atributos personales e intangibles.

  • Los autoinformes reflejan también una proliferación de roles.
  • Al comienzo de la adolescencia se aprecia un giro hacia la:
    • Intimidad.
    • Abstracción.
    • Diferenciación de los roles desempeñados.
    • Mayor importancia a la opinión de los demás.
  • A medida que se asciende en el nivel de abstracción, las generalizaciones son más difíciles de contrastar, por tanto, si se producen distorsiones o sesgos sobre la personalidad éstos serán más difíciles de refutar.
  • Al inicio de la adolescencia el individuo se encuentra en el «nivel de las abstracciones simples», lo que significa que aún no puede comparar abstracciones entre sí y, por tanto, no puede relacionar los diferentes aspectos de su Yo.

Adolescencia media (aprox. entre los 14 y los 15 años). Los relatos sobre la personalidad revelan cierto conflicto ante las inconsistencias del Yo.

  • La comparación de los distintos roles y atributos del Yo deja al descubierto los opuestos de la personalidad y la apreciación de estos contrastes motiva en los adolescentes cierto sentimiento de confusión en relación a su identidad.
  • La adolescencia media es el periodo que mejor puede acoger los conceptos de crisis de identidad y moratoria a los que aluden Erikson y Marcia.
  • La sensación de diversidad y heterogeneidad respecto a la propia identidad hace que se agudice la preocupación del adolescente por la opinión de los demás. Sin embargo, esta preocupación a menudo
  • complica más las dudas sobre su personalidad, ya que los distintos colectivos (padres, profesores, compañeros, etc.) suelen tener ideas diferentes sobre su identidad y grado de madurez.
  • El problema de la retroalimentación social se agrava ante la posibilidad de advertir que nunca será posible determinar con exactitud lo que piensan los demás.
  • El paulatino avance en las capacidades de introspección y puesta en el lugar del otro también puede jugar malas pasadas a los adolescentes, debido fundamentalmente a la inmadurez de las habilidades
  • metacognitivas para su control.
  • Audiencia imaginaria.
  • Fábula personal.

Adolescencia tardía (entre los 17 y 18 años). El adolescente comenzará a integrar los rasgos más contradictorios de su personalidad. El individuo se sitúa ahora en el nivel de «los sistemas abstractos», lo que trae consigo la posibilidad de integrar las abstracciones simples en otras de nivel superior.

  • Los cambios de humor pueden asumirse en el marco de un carácter irascible o caprichoso.
  • Puede definirse como una persona ambivalente en muchos aspectos de su personalidad.
  • Al final de la adolescencia:
    • El autoconcepto tiende a saturarse de atributos que ya no dependen de la comparación social, de modo que las referencias a cualidades interpersonales van dando paso a nuevos atributos basados en criterios más personales, comprometidos con los ideales y valores del propio individuo.
    • Es más probable que se produzca una aceptación natural de los contrastes de la personalidad y una definición más personal y estable de los rasgos del Yo.
  • Algunas personas pueden quedar atascadas en una personalidad hipotecada, o en una personalidad fragmentada y patológica, no escasa de sentimientos de angustia e inadaptación.

La autoestima en la adolescencia

Robins y cols. (2002). Estudio a más de 300.000 individuos de entre 9 y 90 años, y encontró una tendencia descendente de la autoestima entre los 9 y los 20 años, seguida de una recuperación y un incremento gradual hasta la edad de 65 años, momento en que nuevamente la autoestima global volvía a descender.

Desde los estudios clásicos se ha venido asumiendo que los factores que mejor predicen la valencia de este juicio global son el grado de eficacia o desempeño que uno percibe en los distintos dominios de su vida y la opinión que los «otros significativos» tienen sobre uno mismo. Los dos factores aludidos parecen tener un efecto más negativo en la adolescencia, y en especial en sus primeras etapas.

La proliferación de roles y experiencias, que anuncian la entrada en la adolescencia, no suele ir acompañada de un alto desempeño.

  • Inicio de la adolescencia. La autoestima en su conjunto descienda. Igualmente, los primeros cambios físicos pueden aumentar la sensación de alejamiento de los cánones de belleza, especialmente en las chicas, lo que disminuye la autoestima general del adolescente.
  • Adolescencia media. La búsqueda de la identidad hace al adolescente muy vulnerable a la opinión de los demás. Esta circunstancia puede resultar especialmente peligrosa en una etapa en que muchos adultos, algunos con papeles muy significativos en la vida del niño, pueden no haber asumido el carácter lícito de algunos cambios, y en la que la opinión del grupo pesa más que los comentarios cálidos y cercanos de los amigos íntimos.
  • Final de la adolescencia. Es esperable que la experiencia acumulada en los diferentes roles y una menor dependencia de los criterios externos favorezcan una recuperación y estabilización de la autoestima.

ESQUEMA

AUTOEVALUACIÓN

REFERENCIAS

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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