Cambio de las condiciones del examen
La incertidumbre sobre el formato del examen —presencial o mediante AvEx— y sobre sus condiciones concretas generó numerosas consultas en los foros. Como referencia, durante el curso 2019/2020 la prueba se realizó a través de AvEx, con 15 preguntas y una duración de 45 minutos.
El 17 de febrero, un estudiante planteó una consulta sobre las condiciones del examen. La pregunta resultaba plenamente razonable, ya que conocer con antelación el formato, la duración y los criterios de evaluación es esencial para poder organizar adecuadamente la preparación de la asignatura.
El 17 de marzo, otra alumna volvió a preguntar por las condiciones del examen. La coordinadora de la asignatura no respondió hasta el 26 de abril, más de un mes después.
La demora resulta especialmente relevante porque no se trataba de una consulta secundaria, sino de una cuestión básica para organizar el estudio: el formato de la prueba, su duración y las condiciones de realización. Cuando esa información se facilita tan tarde, se incrementa innecesariamente la incertidumbre del alumnado y se dificulta una preparación adecuada.
El 23 de marzo, otro estudiante volvió a preguntar por las condiciones del examen. En esta ocasión, una de las docentes, M.A.P.I., respondió lo siguiente:
«Le podría adelantar que el año pasado se hicieron 15 preguntas tipo test en 45 minutos, pero este año seguramente habrá cambios, pues ha habido bastante fraude y probablemente se modificarán las condiciones».
La respuesta, lejos de resolver la incertidumbre, abrió un nuevo debate en el foro. La mención al fraude generó diversos comentarios, algunos de los cuales terminaron traspasando los límites de una discusión académica razonable e incumpliendo las normas de uso del espacio virtual. Pese a ello, el equipo docente no intervino para reconducir la conversación, aclarar la información o moderar adecuadamente el foro.
No fue hasta el 20 de abril cuando la coordinadora anunció:
«Toda la información relativa al examen AvEx aparecerá hoy en este mismo espacio. Equipo docente de Neuropsicología del Desarrollo».
La cronología vuelve a mostrar un problema de fondo: durante semanas, el alumnado tuvo que preparar una prueba sin conocer con claridad su formato, duración ni condiciones definitivas. En una enseñanza a distancia, esa falta de información no es una cuestión menor, sino una deficiencia que afecta directamente a la planificación del estudio y aumenta innecesariamente la incertidumbre.
El 9 de abril otra alumna pregunta por las condiciones del examen y recibe contestación el 26 de abril.
El 9 de abril, otra alumna volvió a solicitar información sobre las condiciones del examen. La respuesta no llegó hasta el 26 de abril, más de dos semanas después y cuando la incertidumbre llevaba ya varias semanas acumulándose.
La demora resulta especialmente llamativa porque la consulta se refería a una cuestión esencial para la preparación de la asignatura. La reiteración de preguntas similares por parte de distintos estudiantes evidencia que la información facilitada hasta ese momento no había sido suficientemente clara, accesible ni oportuna.
La hipótesis que planteamos es que la reducción del tiempo disponible para realizar el examen no respondía necesariamente al objetivo declarado de combatir el fraude. De hecho, una medida de este tipo puede producir el efecto contrario: aumentar la presión, perjudicar a quienes intentan responder de forma honesta y favorecer estrategias poco compatibles con una evaluación reflexiva y rigurosa.
También cabe considerar otra posibilidad: que la reducción del tiempo contribuyera a limitar unos resultados académicos que, de otro modo, podrían haber resultado difíciles de explicar. No afirmamos que esa fuera la intención del equipo docente, pero sí que la medida tuvo consecuencias previsibles y desiguales. Los estudiantes honestos fueron quienes soportaron el mayor perjuicio, al disponer de menos tiempo para leer, razonar y responder con precisión.
Conviene subrayar, además, que no todos los equipos docentes actuaron del mismo modo. En otras asignaturas se respetaron las condiciones anunciadas en la guía, se mantuvieron los criterios previamente comunicados y se evitó modificar las reglas cuando el curso ya estaba avanzado. Esa conducta no solo fue académicamente más correcta, sino también éticamente ejemplar, porque transmitió al alumnado una idea básica: las normas deben cumplirse también por quienes tienen la responsabilidad de aplicarlas.

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